Diciembre 2018 Boletín – “Guerra Espiritual” por Nathan Padilla

El apóstol Pablo dijo: “las armas de nuestra guerra no son carnales sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,” [2 Corintios 10: 4-5]. Como ejemplo, las batallas en las que Israel pelearía eran una parábola o una sombra de una representación física de cómo se ve realmente la guerra espiritual y cómo debemos llevarlas a cabo. Ésta carta que te escribo es para equipar a los santos para las batallas que perduramos hoy y las batallas que están por venir.

Si entendemos dónde está el campo de batalla, podemos hacer la preparación adecuada para nosotros ganar cada batalla y estar equipados para cada enemigo y situación. Tenemos dos diferentes tipos de enemigos: externos e internos. Éstos son dos diferentes campos de batalla y que deben ser combatidos de manera diferente. Algunos han sacado las Escrituras fuera de contexto y “las han torcido para su propia perdición, como también al resto de las Escrituras,” [2 Pedro 3:16] y en realidad han matado a las mismas personas que han venido contra ellos. John Calvin mató a 73 hombres y mujeres y usó ésta escritura: “Perseguí a mis enemigos y los alcancé; no volví hasta acabarlos,” [Salmos 18:37] para justificar esos asesinatos. Sin embargo, no vemos ningún ejemplo de ningún apóstol ni de ningún padre Ante Niceno que haya matado a alguno de sus enemigos, aunque tuvieron muchos. De hecho, hubo casos en los que salvarían a sus enemigos en lugar de matarlos. Jesucristo claramente nos instruyó: “Pero yo os digo, amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen,” [Mateo 5:44]. También tenemos un ejemplo del primer mártir cristiano, Esteban. Aunque fué perseguido, nunca defendió su propia vida, pero con su último suspiro exclamó: “Señor, no les tomes en cuenta éste pecado,” [Hechos 7:60]. Según la Palabra, el arma contra nuestros enemigos externos es el amor, que no debe confundirse con el ceder. El apóstol Pablo también nos instruye: “Mirad que ninguno pague a otro mal por mal, antes seguid siempre lo bueno unos para con otros y para con todos,” [1 Tesalonicenses 5:15].

Lo que es sorprendente es que si observas a la iglesia hoy, realmente no ves éste tipo de amor, porque si leyeran la Palabra, no habrían seminarios sobre el “la iglesia herida.” Como hemos mencionado brevemente acerca de las armas en contra de nuestros enemigos externos. Avancemos ahora hacia el siguiente campo de batalla.

En resumen, sabiendo que ahora no tenemos que librar guerras físicas, sino que las luchas del alma deben ejercerse contra adversarios espirituales, el Apóstol como líder militar da una orden a los soldados de Cristo, diciendo: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” [Efesios 6:11] Y para que podamos tener ejemplos de éstas guerras espirituales de hechos de antaño, él quería esas narraciones de hazañas se nos recitáran en la iglesia, de modo que si somos espirituales, habiendo escuchado que “la Ley es espiritual” [Romanos 7:14] – “podamos comparar las cosas espirituales con las espirituales” [1 Corintios 2:13] en las cosas que escuchamos. Y podemos considerar, por medio de aquellas naciones que lucharon visiblemente contra el Israel físico, qué tan grandes son los enjambres de poderes opuestos de entre las razas espirituales que se llaman “maldad espiritual en los cielos” y que provocan guerras contra la iglesia del Señor, que es el verdadero Israel”. [1]

El segundo campo de batalla es nuestra alma. Ésta es la batalla interna con la que nos enfrentamos, donde las batallas espirituales ocurren desde dentro. Cuando se trata de la batalla interna, hay dos espíritus diferentes contra los que luchamos. “Nada es mejor que la paz que es según Cristo, por la cual se pone fin a toda la guerra, tanto de los espíritus aéreos como de los terrestres.”[2]

La diferencia entre éstos dos son los espíritus: los espíritus “aéreos” son las “fuerzas de maldad en la esfera celestial (sobrenatural)” [Efesios 6:12 Biblia Amplificada] y lo “terrestre” sería “el espíritu de un hombre [que] se sustentará en la enfermedad,” [Proverbios 18:14], ya que el hombre es hecho del polvo de la tierra (terrestre). Sabemos que hay gobernantes de la oscuridad sobre regiones y ciudades; sin embargo, lo que no se puede descuidar o pasar por alto es la lucha dentro de nosotros. Si no tenemos dominio sobre las “fuerzas de maldad” que intentan tomar control sobre nuestra alma, nunca podremos alcanzar una autoridad sobre estas fuerzas que gobiernan en lugares celestiales.

Después de establecer los respectivos campos de batalla, establezcamos ahora cuáles son las “armas de nuestra guerra” y cómo afectan a los enemigos de nuestra alma. Según la Iglesia primitiva, las fuerzas invisibles con las que luchamos son los Cananeos, los Jebuseos, los Heveos, etc. Al entender cómo Israel luchó contra cada uno de estos pueblos (“-eos”), entendemos a los principados y a las fuerzas demoníacas contra las que estamos en guerra, hasta que descansemos de todos nuestros enemigos. Orígenes nos ilumina acerca de las armas y de su efectividad hacia el reino demoníaco.

Ahora creo que ésta venganza se lleva a cabo en los demonios cuando una persona que ha sido engañada por ellos para adorar a los ídolos se convierte por la Palabra del Señor y adora al Señor. Y a partir de la obra de conversión misma, la venganza se inflige sobre quien había engañado. Y de manera similar, si alguien que ha sido engañado por demonios para cometer fornicación se convierte a la pureza, estima la castidad y llora por su error, el demonio es chamuscado por las lágrimas de arrepentimiento de ese hombre y así prendido en fuego procede  la venganza al autor del engaño. Y de la misma manera, si alguien se desvía de la arrogancia a la humildad, del lujo a la frugalidad, mediante éstos actos, cada uno azota y tortura a los diferentes demonios que los han engañado en éstos asuntos. ¿Hacia qué grandes tormentos crees que son conducidos si ven a alguien que, según la palabra del Señor, “vende todo lo que posee y da a los pobres” y “toma su cruz y sigue” a Cristo? Pero más allá de todo y más allá de todos los castigos están los tipos de tormentos que surgen para ellos cuando ven a alguien involucrado en el estudio de la Palabra de Dios y buscando el conocimiento de la ley divina y los misterios de las Escrituras con esfuerzos y atención. Ésto los enciende a todos en llamas; y en ese fuego son completamente quemados, ya que habían oscurecido las mentes humanas con la oscuridad de la ignorancia, y por éste medio habían logrado hacer que Dios fuera desconocido, haciendo que la persecución celosa de la adoración divina se transfiriera a sí mismos. ¿Qué venganza crees que se les aplica a ellos? ¿Qué fuego de castigos se les inflige, cuando estas cosas se abren por la luz de la verdad y las nubes de su engaño se dispersan por el conocimiento de la ley divina? [3]

Éstas armas son el arrepentimiento, la castidad y recoger nuestra cruz para morir a nosotros mismos. Pero el arma más eficaz y más grande que incendia a nuestros enemigos con el mayor tormento es el “buscar el conocimiento de la ley divina y los misterios de las Escrituras.” Hay mucho qué discutir y revelar con respecto a la guerra espiritual que yo alentaría a los santos a examinarlo más profundamente para comprender a cada enemigo o “pueblo cananeo” con quienes nosotros, el Israel espiritual, luchamos día a día para lograr una autoridad sobre estas fuerzas de la oscuridad. Empieza luchando contra los enemigos internos, los enemigos de nuestra alma. Al comprender la lucha dentro de nuestra propia alma, comenzaremos a ver cómo éstas fuerzas operan en las regiones y sobre las personas. ¡A Dios sea la gloria para siempre, amén!

Referencias:

  1. Origen-Homilías de Josué H15
  2. Ignacio-Epístola a los Efesios cap. XIII, Vol. 1
  3. Origen-Homilías en los Números H27